¿Cómo lavar la lana? 6 consejos para cuidar tus prendas tejidas a mano
- Patricia
- 9 de octubre de 2024
En El Rincón de la Tejedora, sabemos que cada prenda tejida a mano es mucho más que una simple pieza de ropa: es el resultado de horas de dedicación, creatividad y, sobre todo, amor.
Ya sea una bufanda cálida para los días de invierno o ese jersey que te acompaña en las noches frías, es importante saber cómo cuidarlas para que te duren años (o toda una vida, si eres de los que atesoran recuerdos a través de la ropa).
Así que, ¡no te preocupes! En este artículo, te contamos todo lo que necesitas saber para cuidar esas prendas tejidas que tanto valoras, manteniéndolas suaves, en buen estado y listas para lucir en cualquier ocasión.
1. El lavado: la clave está en la suavidad y el mimo
Lo primero que debes saber es que la lana y la lavadora no suelen ser amigas. Aunque algunas prendas de lana pueden lavarse a máquina (¡lee siempre la etiqueta si es una prenda comprada!), las que están tejidas a mano requieren de una atención más delicada. El mejor consejo es lavar la lana a mano con agua fría o tibia (nunca caliente, o se encogerá como si fuese un suéter para tu gato).
Para lavar la lana correctamente, utiliza jabones específicos para lana o, si no tienes uno a mano, un jabón neutro o incluso champú para bebés. Sumerge la prenda en el agua, pero ojo: ¡no la frotes ni la retuerzas como si estuvieras lavando una camiseta normal!
En lugar de eso, presiona suavemente la prenda para que el jabón haga su trabajo. Déjala en remojo unos 10 minutos y luego enjuágala con cuidado, siempre con agua fría o tibia.
Un truco que puedes aplicar es utilizar un acondicionador para el cabello durante el enjuague, para que la lana quede aún más suave. Porque, seamos honestos, si mimas tu cabello con suavizante, ¿por qué no mimar también tus prendas de lana favoritas?
2. Adiós al centrifugado, hola a la paciencia
Aquí llega uno de los puntos cruciales: nunca centrifugues la prenda de lana en la lavadora. ¿Por qué? Porque el centrifugado puede deformarla y hacer que pierda su forma original, dejándote con un jersey que parece sacado de un cuadro de Salvador Dalí, todo estirado y desfigurado.
En lugar de eso, lo que debes hacer es envolver la prenda en una toalla y presionar suavemente para que absorba el exceso de agua. No la retuerzas como si fuera una bayeta, simplemente presiona con cariño.
Este paso puede requerir un poco de paciencia, pero es la mejor manera de eliminar el exceso de agua sin dañar la estructura de la prenda.
3. El secado: plano y sin prisas
El secado es un momento crucial para las prendas de lana, y aquí no hay lugar para tenderetes o secadoras. Nunca cuelgues una prenda de lana mojada, ya que el peso del agua podría estirarla y deformarla. En su lugar, extiende la prenda sobre una superficie plana, preferiblemente sobre una toalla seca y limpia, para que absorba la humedad restante.
Es importante que la prenda esté en una posición bien formada, porque si la dejas en una posición extraña, corres el riesgo de que adquiera esa forma de manera permanente. Vamos, que no quieres un jersey con forma de acordeón, ¿verdad?
Además, colócala en un lugar donde haya buena ventilación, pero evita la exposición directa al sol o a fuentes de calor como radiadores, ya que esto puede hacer que la lana se reseque y pierda su suavidad natural. Así que, sé paciente y deja que el aire haga su magia.
4. ¿Planchar la lana? Solo si es necesario
En la mayoría de los casos, no es necesario planchar las prendas de lana, y lo cierto es que la plancha y la lana tampoco se llevan demasiado bien. Si te encuentras con alguna arruga persistente o la prenda ha quedado un poco aplastada durante el secado, puedes usar la plancha, pero con muchísimo cuidado.
El truco está en utilizar la función de vapor de la plancha y mantener una toalla o paño entre la prenda y la plancha. Nunca pases la plancha directamente sobre la lana, porque corres el riesgo de que se queme o pierda su textura esponjosa. De nuevo, la paciencia será tu mejor aliada.
5. Almacenamiento: ¡cuidado con las polillas!
Una vez que llega el calor y tienes que guardar tus prendas de lana hasta el próximo invierno, es fundamental que las almacenes correctamente. ¡La lana es un imán para las polillas!
Para evitarlo, asegúrate de guardar tus prendas en bolsas de tela transpirables, y nunca las pongas en bolsas de plástico, ya que la lana necesita respirar. Si quieres asegurarte de que las polillas no hagan de las suyas, puedes colocar dentro de las bolsas de lavanda o cedro, que además de proteger tus prendas, dejarán un buen aroma.
Y recuerda: guarda siempre las prendas de lana limpias. Las manchas y los olores pueden atraer a las polillas, y no queremos darles motivos para hacer una fiesta en tu armario.
6. Si hay una mancha, ¡actúa rápido!
Sabemos que las manchas pueden ser inevitables. Un café derramado, una mancha de chocolate… La clave es actuar lo más rápido posible. En cuanto notes la mancha, límpiala con un paño húmedo o una esponja suave, intentando no frotar demasiado fuerte para no dañar las fibras.
Si la mancha persiste, lavar la lana de inmediato es la mejor opción. Sigue el proceso que mencionamos anteriormente y recuerda que, al lavar la lana, la suavidad es la clave. ¡Nada de ataques agresivos!